Dos meses han pasado.
Dos meses en los que no sé si el tiempo ha ido deprisa o despacio.
Dos meses de ese vacío en el pecho tan constante.
Dos meses de esta montaña rusa, en los que los días pueden ser buenos pero en la soledad de mi habitación todo se dispara.
Dos meses...
Y se siente una eternidad.
Hay días en los que no hay dolor.
Y vivo, y soy feliz.
Otros días, solo soy funcional.
Me cuesta la vida y las cosas que me gustan.
Oigo música y te veo.
Me imagino un día en el que todo pasará, sanaré y me sanarán.
Ese día hoy está muy lejos...
O demasiado cerca.
Todos dicen que la última versión que diste, fue tu verdadera cara.
Una cara de frialdad y desinterés, y enfado diría yo, hacía alguien que supuestamente habías querido tanto...
Yo soy más de guiarme por el amor.
Por eso recuerdo todo lo que intentabas hacer porque estuviéramos bien.
Pero tenías complejo de padre y siempre, con tus acciones, intentabas mostrarme un aprendizaje.
No lo necesitaba.
Yo solo pedía un mínimo para alguien que iba a ser futuro.
No eras futuro.
Llegaste, me enseñaste y te fuiste.
Como siempre hacías en cada una de tus decisiones.
Cada vez que me decías que no sabía estar sola y me obligabas a aprender.
Irónico, cuando llevo sola tantísimo tiempo que solo quería un amor de verdad.
Lo tuve.
Me lo diste.
Lo soltaste.
Me hiciste daño.
Me aferré y no insistí más,
Ahora estoy soltando.
Volviendo a ser la amiga que siempre está sola.
Que vuelve a estar perdida.
Que vuelve a encerrarse en ella para que nada duela.
Pero ahora pide ayuda.
Los llama pidiendo auxilio.
Porque los sentimientos la hunden, la ahogan, la inhiben...
Y sí, me estoy esforzando en encontrarme.
Y sí, eso me ahoga cada día más.
Menos mal que no éramos corrientes.
Menos mal que me obligabas a estar sola para querer a mi soledad.
Pero nunca estaba sola.
Siempre hablábamos.
Te contaba todo del día.
Y ya no.
Ya no tengo los abrazos que curaban el mal día.
Los besos en la frente que me hacían sentirme especial...
No tengo las conversaciones, los besos, las sonrisas, las risas, los te quiero, los te amo...
Estaba dispuesta a hacer que mi amor fuera infinito.
Pero tu amor si era finito.
Siempre lo habías demostrado.
Me diste pistas que no quería ver.
Ahí es donde tenía que haberlo visto.
En las veces que no dormí por estar mal y tú sí.
En la vez que me fui y no fuiste en mi busca.
En la vez que te fuiste sin despedirte.
Me hubiese quedado abrazada a ti ese miércoles toda la vida.
Hubiese permitido que la cremallera de tu chaqueta me dejase marca al clavarse en mi piel.
Tu no lo hubieras permitido nunca.